Here comes the sun

"¿Cómo caerte mal un tipo así?"


Simplemente habría que lograr que suceda..

lunes, 9 de abril de 2012

Mis dedos no tienen nada que ver

Entendí de una vez por todas, y no importa si estoy equivocado, la función de mi cabeza. Entendí la razón de aborrecer todo lo que hago, de no estar conforme nunca con mi accionar, con mi cantar, con mi escribir, con mi pensar, con mi elección de zapatos, y con el modo de cortarme el cabello.
Allí dentro, en la complejidad del cerebro, sólo existen dos lugares. Uno es una oficina desordenada, con cientos de papeles sobre un rechinar de escritorio, tres paredes color ocre, una mancha absurda y desconcertante en el techo, y un portal a otra dimensión, donde bolígrafos y buenas ideas se pierden para siempre. El otro lugar, junto a esta oficina, es un imponente edificio de hermoso entrar, iluminado a toda hora, esplendoroso, bien ambientado, con aroma a pinos y lagos de cisnes, donde nadie trabaja.
Y dentro mío están estos dos entes. Trabajando para alguien.
Porque mis ideas se cocinan en este insulso cubículo, donde hay un pobre hombrecillo quien escribe sus trabajos en papel A4, donde este hombrecillo trabaja todo el día, sólo, y resignado a órdenes carentes de lógica. Cuando termina entonces con su deber cotidiano, acerca sus anotaciones al edificio del buen gusto. Y allí, una cúpula de ineptos con poder, se encargan de echar todo por tierra. Con sus bonetes y tarjetas de presentación, desechan todo el papelerío de aquel hombre sudado.
De más está decir que, este directorio de hombres implacables en su sentarse con los dedos entrecruzados, no son más que hombrecillos que alguna vez estuvieron sentados en el cubículo. Porque, claro, ¿Quién quiere pasarse una vida perdiendo bolígrafos?
Entonces, aclarada la razón de por qué muchas veces no me amo, elevo una queja a la cúpula para levantar la moral del hombrecillo.