Y sin embargo, aún se arrojan monedas a la fuente.
Tal vez como agradecimiento a las riquezas que atrae este vital elemento, las personas arrojan con decoro miles de monedas que adornan el fondo de alguna buenaventurada fuente. Olvidando, por momentos, la razón y lógica de su accionar. Simplemente, y a ojos cerrados, dejan caer de sus manos parte de sus ganancias para satisfacer sus deseos de contribuir a tal tradición.
Y allí están. Inertes, ahogadas; inservibles al propósito al cual fueron asignadas, al de hacer al mundo andar.
Llevando consigo la pesada carga de cumplir los sueños de la humanidad. La responsabilidad de alimentar las ilusiones de grandes y chicos, que en puño apretado y ojos cerrados, impregnaron a monedas de cinco céntimos, la felicidad de una situación tan cotidiana como arrojar una moneda a una fuente.
Por tanto, brillan sumergidas, tan muertas y simpáticas, esperando consumar su objetivo. Esperando por otros cientos de años de sueños incumplidos, de más monedas y esperanzas.
siempre me pregunté sobre las monedas, Es una gram tradición, no importa la religión, ni el lugar. Casi no tiene fronteras. La preugnta es ¿Qué esconde detrás? ¿QUé fantasía humana intenta alcanzar?
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